Francesc Català-Roca

La lucidez de la mirada

place
Sala El Águila
Calle de Ramírez de Prado, 3 - 28045 Madrid
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La exposición «Català-Roca. La lucidez de la mirada» rinde homenaje a Francesc Català-Roca (Valls, Tarragona, 1922-Barcelona, 1998), en el centenario de su nacimiento, reivindicándolo como como una de las figuras fundamentales de la fotografía humanista documental de la posguerra española; el padre de la generación que renovó el lenguaje fotográfico y un referente para la generación posterior.

La muestra, comisariada por Oliva María Rubio, cuenta con una selección de 81 imágenes del autor, procedentes de los fondos del Archivo fotográfico del Col·legi d’Arquitectes de Catalunya y ha sido organizada por la Dirección General de Patrimonio Cultural de la Comunidad de Madrid en colaboración con PHotoEspaña.

En las distintas ciudades de la geografía española, Català-Roca retrató un compendio de nuestra historia reciente en imágenes: sus gentes, cultura, tradiciones y modos de vida, mostrando los cambios que se estaban produciendo en la economía y en la arquitectura del país, el cual empezaba a recuperarse poco a poco de los estragos de la Guerra Civil. Sus fotografías nos convierten en testigos de una época, de una España en blanco y negro en la que ya se apuntan algunos cambios.

Junto a las imágenes míticas de la Gran Vía o el Metro de Madrid y los retratos de figuras como Salvador Dalí o Joan Miró, la exposición nos acerca a otras imágenes desconocidas e inéditas como algunas fotografías familiares o las realizadas en color durante su estancia en Nueva York a finales de los años ochenta. Su faceta de retratista nos muestra, tanto la pobreza de los barrios marginales, con imágenes de vendedores ambulantes, recaderos, limpiabotas o cacharreros, como la elegancia de la burguesía que acude al Liceo.

El estilo personal de Català-Roca se consolida en los años cincuenta, tras haber trabajado desde los trece años en el laboratorio de fotografía experimental de su padre, abriendo el suyo propio a los veintiséis. Supo compendiar los conocimientos técnicos adquiridos durante esta etapa con las tendencias fotográficas de la época de entreguerras y ponerlos al servicio de una fotografía que diera cuenta de la realidad del país en que vivía. Ello dio como resultado trabajos tan destacados como los que hizo en Madrid y Barcelona, ambos libros publicados por la editorial Destino en 1954.

Su trabajo, multidisciplinar, no se reduce a la fotografía documental humanista, sino que igualmente desarrolla un importante corpus de fotografía de arquitectura, retratos, fotografía industrial, cerámica y artesanía, arte, así como numerosos documentales entre los que destacan La ciudad condal en otoño (1951), Piedras vivas (1952) o Salineros de Ibiza (1954).

A partir de los años setenta, centra su trabajo e investigación en la fotografía en color, que concibe como un nuevo idioma y una forma necesaria y natural, aunque nunca abandona por completo el trabajo en blanco y negro.