Vicente Blanco
Estorninos
- placeGaleria Silvestre
Calle del Doctor Fourquet, 21 - 28012 Madrid - calendar_todayDel al
- linkhttp://www.galeriasilvestre.com
En la obra de Vicente Blanco emergen dos temas recurrentes: la construcción de la identidad a través de la representación y la interpretación del paisaje. Estos temas suelen aparecer interrelacionados, como en su anterior exposición en la Galería Néboa, «Os coleccionistas de formas» (2024). En esa muestra, Blanco respondió a la destrucción y transformación del entorno natural y cultural de la Galicia rural, donde reside. En ese mundo devastado —presa del extractivismo y víctima de una sensibilidad anestesiada, característica de la actual fase neoliberal— el artista se preguntó: «¿Cómo se puede construir la identidad desde los márgenes? ¿Cómo se puede narrar desde un contexto invisible, uno que también invisibiliza el deseo y la existencia?».
La cuestión de la construcción de la identidad ha estado presente en la obra de Blanco desde sus inicios. En 2003, Juan Vicente Aliaga escribió un texto con motivo de la exposición individual de Blanco en el CGAC, titulado «Historia de una amenaza. Sobre las identidades, el deseo y la violencia en la obra de Vicente Blanco», en el que abordó las dificultades y presiones que enfrentan las personas que construyen su identidad fuera de los códigos heteronormativos: «En la obra de Vicente Blanco […] anidan diversos intentos y expresiones de homosocialidad, y en ella, el deseo y la amenaza de su represión y materialización caminan peligrosamente de la mano».
Vale la pena recordar las palabras de Aliaga, pues la nueva serie de obras de Blanco deja de lado parcialmente el paisaje para centrarse nuevamente en lo subjetivo y lo íntimo, en relación con el espacio social y político. Lo que predomina en estos dibujos son las relaciones físicas, psicológicas y simbólicas entre los personajes: sus gestos, miradas y acciones, en las que las manos desempeñan un papel central, como ya ocurrió en la exposición de 2024. Estas interacciones construyen impulsos afectivos, pero también violentos o agresivos, que observamos entre ellos. De ahí que el paisaje —el fondo, el contexto— se vuelva más abstracto, doméstico y urbano —y también más decorativo— para resaltar estas dinámicas sutiles y evocadoras entre las figuras masculinas.
Resulta interesante observar cómo estas mismas inquietudes —o relacionadas— ya aparecían en series fotográficas anteriores, como «Lo que se espera de nosotros» (2003), donde un grupo de cuatro adolescentes realizaba un misterioso ritual con una linterna en un campo al anochecer. En esas obras también, Vicente Blanco buscaba revelar la realidad mediante gestos sutiles y delicados; mediante técnicas de extrañamiento y distanciamiento narrativo, tomadas del cine y el teatro —elipsis, performatividad, fragmentación— que ahora encuentran analogías en la abstracción y la apertura semántica que le brinda el dibujo. Incluso el título que eligió para esta exposición, «Entre as sombras voltarei acompañado», parece, en cierta medida, evocar esa serie fotográfica.
El dibujo siempre ha sido importante en la obra de Blanco, pero en estas series recientes su reivindicación parece vinculada no solo a sus cualidades visuales intrínsecas, sino también a la naturaleza accesible y democrática del medio. Como si su condición de forma de arte «menor» —en comparación con otras supuestamente «mayores» como la pintura o la escultura— fuera coherente y solidaria con las historias periféricas y marginadas a la fuerza que busca evocar. Desde un punto de vista formal, Blanco logra llevar su técnica al límite —muy similar a la de la serie anterior: lápices de colores, acuarela y gesso pigmentado sobre lienzo y papel— de modo que, en lugar de convertirse en un dibujante virtuoso, crea un nuevo medio a través de la investigación y la experimentación. Al mismo tiempo, se aprecia una clara intención de abordar géneros «menores» como la caricatura, para representar la «lógica de la guerra y la violencia» en relación con la identidad, siguiendo la tradición de un artista como George Grosz, quien también vivió y trabajó en el período de entreguerras.
Consideremos, por ejemplo, la actitud altiva de un caballero delgado que señala con desdén una figura inclinada y apenas esbozada; o el grupo de dos jóvenes desnudos acompañados —o quizás deberíamos decir acosados— por un hombre mayor y siniestro; el niño tumbado en una hamaca, que parece dibujar un par de nalgas en la arena mientras otro lo observa; el personaje cuya cabeza parece flotar, separándose de su cuerpo y transformándose al quitarse la camisa; o el forzudo con una nuez prominente posando frente a un espejo sostenido por manos delicadas, mientras otra figura lo observa desde arriba. Todos estos son dibujos que a veces adoptan la forma de pinturas sobre lienzo y otras veces conservan la fragilidad y la latencia del papel, como en una escena ambigua protagonizada por un joven musculoso y un caballero calvo de nariz larga. El humor y la ironía son dos recursos que permiten a Blanco mediar —o mantener— la tensión entre la ternura y su opuesto; entre el amor y el odio, que inevitablemente habitan las sombras a las que alude el título.
Junto a los dibujos y pinturas, la exposición incluye una nueva serie de relieves cerámicos que representan rostros y manos unidos por hilos. Estas piezas dinamizan el espacio de la galería y generan un diálogo entre todas las obras. Los hilos aluden a las líneas del dibujo, pero también a la capacidad de atar, inmovilizar y dominar. La maleabilidad de la arcilla da forma a rostros similares a los de los dibujos: sintéticos, resueltos con apenas unos trazos que se repiten, como en la ilustración o la caricatura.
Vicente Blanco afirma que en el dibujo nada se oculta: ni los errores ni los accidentes del proceso, ni los múltiples significados que cada obra pueda evocar. Por ello, la transparencia del medio resulta engañosa: la plena visibilidad de las sucesivas etapas compositivas, lejos de aclarar el significado de la imagen, la nubla, volviéndola indescifrable. Es precisamente en este punto indeterminado y ambiguo donde el artista se retira, dejándonos a solas con sus personajes, mientras intentamos discernir si las escenas que presenciamos son disputas, confrontaciones, encuentros afectuosos, o todo ello a la vez.
Pedro de Llano Neira